Es una experiencia de muchas personas: tienen un trabajo, ganan su dinero, son adultos y responsables. Pero aún se les hace difícil dejar la casa de sus padres teniendo los medios para hacerlo.
Las personas que describo y que permanecen en el hogar familiar están ligadas a emociones profundas que no siempre saben reconocer. Una de estas emociones es el peso que les provoca la responsabilidad que aún sienten por sus padres.
Esta responsabilidad puede ser legítima, motivada por el cariño o el compromiso. Pero, en otros casos se trata más bien de necesidades emocionales no resueltas que permanecen invisibles.
¿Cómo distinguir la verdadera razón que motiva esta responsabilidad? ¿Sientes que te ocurre a ti? Te invito a recorrer los siguientes pasos.
Paso 1: Pregúntate qué hay detrás de la responsabilidad que sientes
Muchos viven su infancia sintiendo que no son reconocidos, valorados o considerados emocionalmente. Ya adultos, asumen que ese abandono influyó en su baja autoestima y en la forma en que aprendieron a vincularse con otros.
Para superarlo y conseguir la valoración que les faltó, recurren al sacrificio o asumen mayores responsabilidades impulsados por el deseo de sentirse útiles, indispensables o presentándose siempre dispuestos a los demás.
Seguir viviendo con los padres, responsabilizándose excesivamente por ellos, podría ser reflejo de la necesidad de encontrar aprobación o sentido personal. No se trata de que falte amor por los progenitores, o que el deseo de ayudar necesariamente sea sinónimo de ocultar un conflicto.
Lo que planteo no es un juicio, sino de poner luz y descubrir lo que mueve esta decisión. Una pregunta que podría iluminar y vale la pena hacerse:
¿Hay en mí heridas emocionales que pudieran estar retrasando la salida desde la casa de mis padres?
Paso 2: Observa el costo emocional de postergar tu propia vida
Acompañar a los padres viviendo con ellos puede interpretarse como un acto de amor. Pero, cuando ese acto comienza a llenar el espacio personal del hijo o de la hija, este va apartándose de su propio desarrollo personal, postergando decisiones como la autonomía, la exploración de proyectos personales y el desarrollo de la independencia emocional.
Si el proyecto de vida se sigue posponiendo es probable que se pierda la capacidad de discernir si la ayuda de acompañar a los padres es fruto de una elección libre, o, de una forma de acallar una culpa, un temor o pagar una deuda emocional. Incluso, postergarse puede conducir a una profunda frustración.
¿Eres de quienes cree que por entregar mucho recibirá reconocimiento, pero al final, no llega nada?
Paso 3: Reconoce que se puede ser responsable de sí mismo y de los padres
Reflexiona sobre lo siguiente: ¿Vivo con mis padres motivado o motivada por una elección libre, o más bien, siento que no puedo hacer otra cosa?
Salir de casa y hacer la propia vida no es sinónimo de abandonar a los padres. Más bien, es reconocer que ellos son adultos que tienen su propia historia y que el bienestar de esos padres no debe apoyarse totalmente en la ayuda de una sola persona.
Vivir el proyecto personal no nos convierte en seres humanos egoístas o indiferentes; muchos consiguen desarrollar relaciones cercanas y comprometidas con sus padres en paralelo a sus propios propósitos.
Entonces el desafío -quizás cómo tú-, de salir de la casa de tus padres no consiste en dejar de ayudarles, sino, en aprender a hacerlo sin atraparte en un sentimiento permanente de culpa o de creer que tu vales solo por tus sacrificios.
Paso 4: Construye una relación con tus padres desde la libertad
Esta idea es para que la reflexiones con mucha más atención: la autonomía emocional no es sinónimo de romper vínculos. La autonomía emocional es expresión de verdadera libertad interior.
Nada impide acompañar a los padres mientras se viven los propios proyectos, tampoco poner límites o conseguir independencia sin que se llegue al abandono.
A partir de estas premisas estás invitado a mirar los desafíos de la vida independiente con perspectiva nueva, enfrentando miedos, culpas y revisando las ideas que se tienen sobre el amor, el deber y el valor personal que nos debemos.
Sé consciente que en tus manos está poder elegir cómo vivir tu propia vida.
Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar.

