Desorientados en la vida: ¿Por qué arrastramos soledades que no nos pertenecen?

Figura solitaria en encrucijada, simbolizando el peso de cargas heredadas y la búsqueda de propósito

Muchos pacientes recurren a mí movidos por un sentimiento que resumo en estas palabras: experimentan la falta de un norte que guíe sus vidas. Son personas que se sienten extraviadas y no saben cómo continuar.

A ellos les planteo que la posible causa puede estar en un profundo sentimiento de abandono y soledad que les acompaña desde niños, además de llevar sobre sus espaldas desde su juventud el peso de tareas y situaciones que no les pertenecían.

Igualmente, les pongo en perspectiva que detrás de esos sentimientos de abandono y soledad puede estar la pérdida de vínculos con el padre o la madre.

Bajo el contexto de pacientes desorientados con el rumbo de sus vidas, existe también otra experiencia originaria. Son hechos que no necesariamente emergen de la propia historia, sino que, están vinculadas a anteriores vidas.

Pienso, por ejemplo, en el padre o la madre de estos pacientes, en las experiencias de abandono que ellos vivieron. Considero el caso de un padre que no fue reconocido, o la madre que se sintió abandonada o no considerada porque tuvo que asumir sola la crianza de sus hijos.

Estas experiencias anteriores a la biografía de mis pacientes generan profunda confusión y a menudo siguen extendiéndose como una gran sombra, alcanzando incluso a una o dos generaciones posteriores con su soledad y pérdida de rumbo.

Más allá de lo que esté detrás del sentimiento de carecer un propósito en la vida, a mis pacientes les motivo a descubrirse, aceptarse, percibirse y dar un sí a la persona que se es. 

Regalarse esta mirada acogedora y de aceptación personal, ayuda a que aparezca ese norte que guíe la vida.