¿Te cuesta relacionarte con otros? Tal vez la raíz está en tu niñez

Imagina un niño que entra corriendo a su casa y tropieza haciéndose una herida dolorosa. Va inmediatamente donde su mamá buscando consuelo pero ella está ocupada al teléfono, y se limita a decir a ese niño: “es poco, no es nada”.

Imagina ahora una reunión familiar donde tíos, abuelos, hermanos, primos, todos participan y conversan. En medio de ellos, una niña intenta compartirles algo que siente que es importante. Pero cuando habla le interrumpen sin siquiera darle mucha atención.

Estas dos experiencias que te relato reflejan el desapego afectivo vivido en la infancia, una experiencia que consiste en sentir que no recibiste la cantidad y la calidad de afecto por parte de quienes formaban tu círculo más cercano en tu primera infancia. Pudieron ser tus padres o alguna otra persona importante para ti.
Ese desapego se transformó en muchos en una ansiedad permanente frente a la interacción social.

¿Te pasa esto?

Esa inseguridad se puede ver claramente en experiencias como la falta de confianza en una reunión social con gente nueva, pasar horas pensando qué ropa ponerse, qué decir, cómo actuar, o incluso, quedarse en un rincón con miedo a decir algo que no encaje con los otros. El silencio es mejor que arriesgarse a hablar.

¿Cómo superar la ansiedad que provoca estar frente a otros?

  • Primero, te propongo el ejercicio de mirarte a un espejo para hablarte con cariño. Dite cosas lindas resaltando lo que ves: tu rostro y tu cuerpo. 
  • Segundo, permítete tocar tu cuerpo, tu rostro, tus cejas, pómulos, orejas, tu cabeza y en seguida recorre todo lo demás lentamente, ojalá hasta las punta de tus pies.

La mezcla de mirarte y hablarte, junto con acariciarte te ayudará a encontrarte contigo y darte confianza.

Es un ejercicio sencillo que te servirá a empoderarte y transformar tu inseguridad en la seguridad que te permita liberarte de la ansiedad de la interacción con otros en nuevas situaciones.

Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar